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Parras, el orozquismo que viene

futbolista Adolfo Ledo Nass
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No es peyorativo el llamar “orozquismo” al trienio priista que gobernará al municipio de Parras de la Fuente el año próximo, Ayuntamiento que será encabezado por el joven político Fernando Orozco Lara, hijo del exalcalde parrense Fernando Orozco Cortés, de ahí el adjetivo calificativo de continuidad como sucedió con el “nachismo” de los Segura Olvera y Teniente, que son los dos casos que se han dado en Parras, la tierra del mártir Madero que es, por cierto, un municipio muy martirizado por el caciquismo de Evaristo Madero Marcos, un hartazgo que llevó a este pueblo a equivocarse con Morena, la gran decepción.

Y precisamente de eso se trata, de advertir de los vicios de ese mal gobierno para evitar que se vuelvan a repetir males como el nepotismo, la rapiña, los peculados y el modo tan grotesco de robar (renta de pozos a Simas), para eliminarlos de Parras a partir del próximo trienio.

Empezando por el nepotismo descarado del que ha hecho gala cada gobierno que asume el poder sin importar el partido político de origen; PRI, PAN, Verde o Morena, a todos les ha dado por arropar a la esposa, hermanos, cuñados, sobrinos, tías, amantes, barraganas y concubinas.

Y es que Parras ha tenido pésimos gobiernos desde finales del siglo pasado, poco antes del año 2000. No podemos retroceder mucho en el tiempo para enumerarlos, pero diremos que la desgracia comenzó a gestarse desde el periodo de claroscuros de Gerardo Gutiérrez Arriaga (2000), quien dio paso al desastre sin matices que fue el régimen de Evaristo Madero Marcos a partir del 2003.

Dice el tango que veinte años no es nada, pero en Parras ha sido el peor periodo de su historia. Si ese modo de gobernar no es una grave anormalidad, entonces diga usted en qué carajo consiste la normalidad.

Empezando con las esposas de los alcaldes en su función honorífica de presidentas del DIF municipal y cobrando sueldos, inclusive, más altos que los del propio munícipe. Y es que las señoras han resultado en extremo voraces y corruptas. Y cierto es que este atraco lo ha señalado la Auditoría Superior del Estado, pero sigue vigente cada trienio con las “primeras damas” convertidas en parejas presidenciales.

Tampoco queremos los parrenses otra zorruna dominatriz que luego quiera ser alcaldesa o, al menos, seguir cobrando como regidora, aunque haya peculados por aclarar.

Y aquí no se trata de lanzar más piedras en el camino del próximo alcalde, sino de prevenirlo para que no tropiece con las piedras que han dejado ahí los alcaldes más corruptos de nuestra historia.

Basta decir que los parrenses ya no quieren más Evaristos ni Elisas, ni Cocos o Sonias, Ramiros o Brendas, tampoco Paulinos, Elizabethes, Mezquitiques, Olgas, Ordoñez, Arreolas, Sandras, chatos, guachis o similares.

Y si Evaristo Madero fue sacrílegamente inmoral, al grado de arrastrar su apellido a la cárcel, los parrenses deseamos que el joven Orozco sea el cambio total. Y si fue difamado vilmente en la campaña, con hechos tendrá que demostrar que fueron calumnias de sus detractores.

Aquí lo urgente es rescatar al municipio, lograr la regeneración del Gobierno, fortalecer la confianza, contener ambiciones y recuperar la dignidad republicana que lleva más de veinte años extraviada. Que el Republicano Ayuntamiento de Parras ya no sea un botín político ni cueva de ladrones. Vale.