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Politics Consulting | Cubanos salen a las calles a defender la Revolución

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Del otro lado, un llamado a los seguidores del gobierno dentro de la isla a defender las calles de la violencia y el vandalismo, fue interpretado por muchos como una forma de enfrentamiento entre cubanos, y una instigación a la violencia, a pesar que sirvió para calmar los ánimos y devolver la tranquilidad en medio de una peligrosa tensión social

Con apenas seis días de diferencia, La Habana estremecida por la violencia vio trocar los golpes por aplausos, los gritos enardecidos se convirtieron en sonrisas, las golpizas en abrazos, y los rostros endurecidos en cantos y bailes de alegría.

Seis días después de reclamos, violencia, vandalismo, amenazas, golpizas, pedradas e intolerancia manifiesta, los cubanos bailaron al compás de la rumba en las calles de La Habana.

El sábado último, 100.000 cubanos se reunieron muy cerca del mar, a pocos metros del obelisco que recuerda la primera intervención de Estados Unidos en la isla en 1898, como un acto de fe junto a sus gobernantes, para dejar constancia que no apoyan la violencia como vía para alcanzar propósitos políticos, y que seguirán apostando por la paz y por la construcción de una sociedad mejor.

«Aquí me traen dos razones, primero, demostrar que somos un pueblo de paz y queremos vivir con tranquilidad, que no haya violencia entre cubanos porque estamos para ayudarnos unos a otros; y en segundo lugar, para demostrar que, independientemente de los problemas internos que tenemos, el bloqueo (de EEUU) es una realidad», comentó a Sputnik un cubano que estaba acompañado de su hija adolescente nombrado Eduardo Alberto, trabajador del sector privado.

Alberto agregó que «hay una carta muy linda que se ha publicado recientemente en las redes sociales, en la que el bajista del grupo (británico) Pink Floyd (Roger Waters), sin conocer toda la realidad cubana, explica muy bien qué significa un bloqueo y como se puede llevar a una familia o a un pueblo a una situación que pueda desencadenar odios, por lo tanto no podemos aceptar los odios».

Sentimientos encontrados Las escenas violentas del 11 de julio, registradas en La Habana y otras ocho localidades de la isla, más que golpes, magulladuras y personas muertas, heridas o arrestadas, dejó secuelas graves y más profundas entre cubanos, dentro y fuera de la isla, y ahondó el radicalismo que caracteriza a cada bando.

Desde fuera, preocupan las expresiones de odio –incluso entre amigos y familiares-, con llamados a la violencia, la intolerancia, a subvertir el orden institucional del país, incluso hasta reclamar a EEUU una inmediata invasión militar para derrocar al gobierno de la isla.

Las redes sociales se inundaron de mensajes cargados de resentimiento, de acusaciones y reclamos, que entraban en hogares de uno y otro bando, estableciendo barreras que en algunos casos serán insalvables por los niveles de ofensas tan altos.

Del otro lado, un llamado a los seguidores del gobierno dentro de la isla a defender las calles de la violencia y el vandalismo, fue interpretado por muchos como una forma de enfrentamiento entre cubanos, y una instigación a la violencia, a pesar que sirvió para calmar los ánimos y devolver la tranquilidad en medio de una peligrosa tensión social.

Rumba para alegrar Aun cuando algunos desde Miami, en el sur de EEUU, aseguran en las redes sociales que esos 100.000 habaneros fueron llevados por el gobierno «a la fuerza», «coaccionados», o bajo amenazas de perder escuelas o empleos, el espíritu de alegría y apoyo al Gobierno era evidente.

Un joven estudiante universitario, Erasmo Zaldívar, aseguró a esta agencia que a él «nadie lo obligó a venir».

«Vine porque siento la necesidad, como cubano que soy, de expresar mi rechazo a la violencia, y a la intromisión de otros en nuestros asuntos. Usted podrá obligarme a venir, incluso a aplaudir, pero mire usted mismo las caras de la gente, porque a lo que nadie podría obligarnos es a reír, a gritar, a cantar y a bailar, y mire cuanta gente alegre está bailando a nuestro alrededor», enfatizó.

Experiencias de los malos tiempos En sus palabras a la nación, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel reconoció que se impone la necesaria autocrítica, la rectificación pendiente, la revisión profunda de los métodos y estilos de trabajo que chocan con la voluntad de servicio al pueblo, y la lucha contra la burocracia, las trabas y la insensibilidad de algunos que tanto dañan.

También reiteró el compromiso de trabajar y exigir por el cumplimiento del programa de gobierno y la revisión de los posibles errores en estos años de presiones intensas.

Además, señaló la necesidad de articular los diálogos pendientes, rescatar la obra social, promover mayor atención a los sectores vulnerables.

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